La meditación es un estado activo, no pasivo
Un reciente estudio internacional demuestra que, lejos de simplemente calmar la mente, la práctica meditativa activa el cerebro
Investigadores de Canadá e Italia analizaron a 12 monjes tailandeses del bosque con una tecnología de última generación y encontraron que la meditación aumenta la actividad cerebral, acercándolo a un estado “crítico” donde el cerebro es más flexible y eficiente.
El experimento
Los investigadores de la Universidad de Montreal y del Consejo Nacional de Investigación de Italia reclutaron a 12 monjes budistas tailandeses que viven en Santacittārāma, un monasterio a las afueras de Roma. En un laboratorio de Chieti‑Pescara, se registró su actividad cerebral durante periodos breves de reposo y bloques de práctica d dos técnicas clásicas: Samatha (atención sostenida sobre un objeto, como la respiración) y Vipassana (observación ecuánime de sensaciones, pensamientos y emociones en el momento presente).
Para captar la dinámica cerebral se utilizó magnetoencefalografía (MEG), una tecnología de alta resolución que registra con precisión las señales eléctricas del cerebro. Los datos fueron procesados con herramientas avanzadas de análisis de señales y aprendizaje automático, permitiendo extraer indicadores de complejidad y dinámica neuronal.
¿Qué sucede en el cerebro cuando meditamos?
El estudio se centró en tres aspectos clave:
- Oscilaciones neuronales – La frecuencia y sincronía de las señales cerebrales.
- Complejidad de la señal – Cuán impredecible y rica en información es la actividad cerebral.
- Criticidad – Un concepto de física estadística que describe sistemas que operan entre el orden y el caos, considerados óptimos para el procesamiento de información.
Los resultados revelaron que ambas formas de meditación aumentan la complejidad cerebral en comparación con el reposo. Esto indica que el cerebro no entra simplemente en un estado de calma pasiva, sino en una configuración dinámica rica en información.
Samatha vs. Vipassana: dos caminos, una meta
- Samatha reduce el campo de atención a un “haz estrecho”, enfocando la mente en un solo objeto.
- Vipassana amplía el haz de atención, observando todo lo que surge en el momento presente.
El análisis del coeficiente de desviación de la criticidad permitió distinguir claramente entre ambas prácticas. Mientras Samatha produce un estado más estable y enfocado, Vipassana acerca el cerebro a la criticidad: un punto donde las redes neuronales son lo suficientemente estables para transmitir información fiable, pero lo suficientemente flexibles para adaptarse rápidamente a nuevas situaciones. Este equilibrio optimiza la capacidad de procesamiento, aprendizaje y respuesta del cerebro.
Implicaciones para el bienestar
Los autores concluyeron que la meditación es un estado activo que involucra procesos de atención y, por tanto, modula varios aspectos de la función cerebral. Al acercar el cerebro a un estado crítico, se mejora su eficiencia y flexibilidad, lo que puede traducirse en:
- Mayor capacidad para alternar tareas.
- Mejor almacenamiento de información.
- Reducción del estrés, ansiedad y síntomas de depresión.
En otras palabras, la meditación no solo “relaja” la mente; también la hace más dinámica y preparada para afrontar los retos cotidianos.
Reflexión final
Este estudio combina tecnología de vanguardia (MEG) con métricas avanzadas de complejidad, demostrando que una tradición milenaria puede explicarse con precisión científica. La práctica meditativa activa el cerebro, aumentando su complejidad y acercándolo a un punto crítico donde la información se procesa de manera óptima.
Referencia completa:
Wired en Español, “Un estudio con monjes budistas descubre que la meditación altera la actividad cerebral”, por Javier Carbajal.